Los datos y las capacidades humanas

Artículo de Diego Muñoz, Data & BI Director en Prodware.

Los datos son omnipresentes, casi omnipotentes, son la punta del iceberg del progreso tecnológico. ¿Y dónde quedamos nosotros, las personas, en todo esto? Nos adaptamos, con más o menos éxito, más o menos medios. Esta necesidad de familiarización con un nuevo entorno no ocurre de la noche a la mañana, el nuevo oro negro (los datos) requiere cada vez de más profesionales aptos para recopilar, almacenar y analizar estos datos. ¿Cómo podemos conseguir adaptar nuestra capacidad de procesamiento y análisis a volúmenes tan ingentes de datos? ¿Estamos realmente asistiendo a una crisis de mano de obra cualificada?

Diego Muñoz

Con la aparición de los datos como motor de crecimiento, desarrollo y, en general, progreso, vemos un desajuste entre su omnipresencia y la capacidad humana para procesarlos. Así es como las teorías de una crisis de fuerza laboral están surgiendo gradualmente con respecto a los puestos más cualificados de desarrolladores, arquitectos e ingenieros de datos. Ahora, en la ‘crisis de la fuerza de trabajo’, hay ‘crisis’, hay ‘mano de obra’ y hay ‘trabajo’. En este tríptico, ¿cómo se articula la realidad del concepto frente al peso de las palabras que lo componen? A la fórmula teórica, respuesta retórica. ¿Y si, básicamente, el tema no fuera tan alarmante? ¿Qué pasaría si repensar la ecuación fuera suficiente para resolver el problema que designa, un poco fácil de plantear y afirmar sin suficiente retrospectiva por parte de muchos expertos?

La era de los datos

Analicemos los términos fuera de orden: el trabajo. En este caso, el sujeto de la ecuación y lo que nos interesa, son los datos. Los datos están en todas partes, para todos, todo el tiempo. Sin embargo, es útil compararlo con el segundo término de la ecuación: ‘la mano de obra’. Porque al multiplicar su volumen, los datos implican necesariamente una multiplicación proporcional de su gestión. Aquí, es la capacidad del ser humano la que se pone a prueba ya que tiene que procesar una cantidad creciente y exponencial de datos. Aquí es obviamente donde radica el problema. Los datos existen. Se revelan, se analizan, se clasifican y se comprenden. Pero las oportunidades están determinadas por la habilidad de quienes las saben aprovechar. Sin embargo, la evolución reciente del volumen de datos creados es una verdadera revolución a la que los dispositivos de procesamiento y las capacidades preexistentes no fueron capaces de responder de manera efectiva.

Pero lejos de ser una limitación estructural, es sobre todo el síntoma de un mundo en crisis, con su cuota de oportunidades. La relación entre el aumento constante del volumen a procesar y el desarrollo de las habilidades de procesamiento humano dependerá del incremento real de la era de los datos.

¿Hacia una nueva convivencia? 

Es precisamente esta segunda dimensión, la adecuación entre las oportunidades que ofrece el aumento de los datos y nuestra capacidad para procesarlos, la que requiere una profunda reflexión. En lugar de mirar con preocupación la crisis de la fuerza laboral de procesamiento de datos, es necesario cambiar nuestros métodos de capacitación, nuestras metodologías y nuestros ritmos de aprendizaje para adaptar esta famosa fuerza de trabajo al enorme potencial del mundo de los datos.

Gracias a la creciente circulación de datos en particular, han surgido muchos nuevos medios de acceso a la información. ¿Es la gestión de datos un mundo complejo? Ciertamente, pero nunca ha sido tan fácil la formación online. ¿La educación se está volviendo cada vez más cara? Sin embargo, con un teléfono conectado a Internet, se puede tener acceso gratuito en tres clics a miles de módulos de aprendizaje (o tutoriales). El aprendizaje ya ha evolucionado, primero a través del uso. Las instituciones deben adaptarse a este nuevo equilibrio, teniendo en cuenta el currículum escolar.

La universidad puede enseñar muchos conocimientos fundamentales en relación al enfoque del procesamiento y análisis de datos. Pero al ritmo al que evoluciona el conocimiento en esta área, imaginar que podría ser la fuente exclusiva de conocimiento parece muy ambicioso, incluso poco realista. Los avances tecnológicos, así como el creciente número de fuentes que recopilan, procesan y transmiten datos, hacen que esta idea quede obsoleta. ¿Quién podría haber imaginado hace 20 años que un refrigerador podría almacenar datos sobre la temperatura ambiente, la tasa de almacenaje o nuestros patrones de consumo de alimentos?

En un mundo en constante evolución, la agilidad es una virtud indispensable. Por ello, es tanto un cambio de paradigma para el individuo que debe pensar en su proceso de aprendizaje como un camino infinito o una carrera sin línea de meta, como para las organizaciones, empresas, comunidades, universidades que deben crear los contextos favorables para este aprendizaje continuo. El desafío también es tanto filosófico como material, con el aprovisionamiento de herramientas capaces de gestionar una potencia informática cada vez mayor. Prodware, consultora tecnológica y partner de Microsoft, apuesta por la era del Big Data acompañando a las organizaciones en su proceso de transformación digital y haciendo frente a todos los desafíos que los datos pueden albergar.

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La salud, la energía, la nutrición, la seguridad, todos los grandes desafíos de nuestra era tienen como denominador común el papel esencial que pueden desempeñar los datos. Hacer del mundo un lugar mejor se ha convertido en un eslogan un tanto manido por la recurrencia de su uso. Sin embargo, el mundo tiene mucho que ganar con los datos. Porque antes de ser un byte, una secuencia de números, los datos son el medio del conocimiento, la profundización, la enseñanza. Es una palanca para el crecimiento y el progreso. Comprender los datos lo mejor posible conducirá, sin duda, a un progreso considerable en áreas que nos afectan a todos. ¿Quizás todavía no ha llegado el momento en que cada uno de nosotros pueda procesar y analizar datos, tal vez todavía está lejos? Aun así, será precedido, y esto, mucho más inminentemente, por el momento en el que nuestras vidas se verán afectadas de una manera u otra por estas secuencias de números. También podría tomar la iniciativa, ¿verdad?

Después de todo, en palabras de Edgar Morin en ‘Pour une crisologie’, “Por tanto, debemos asociar estas nociones de crisis, evolución, revolución, regresión de manera unificada, en lugar de seleccionar una y eliminar las otras. Vivimos todo esto a la vez. Y nuestra incertidumbre es que no sabemos cuál de estos términos será decisivo en última instancia”. La emoción de la incertidumbre es que permite que se desarrollen todas las posibilidades. La incertidumbre concierne en principio a la cuestión de los límites, por lo que la definición de estas nuevas fronteras es uno de los grandes desafíos del ser tecnológico, el de un futuro que ya está aquí.

[1] ‘Futuro’, en texto binario

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