El 80% de los ciudadanos teme que los datos recogidos para seguir contagios se utilicen para otros fines

8 julio, 2020
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Un estudio de Okta revela que, a pesar de los temores sobre el uso de sus datos, los ciudadanos se inclinan en general por permitir la recopilación de algunos de sus datos personales para colaborar en el control de la epidemia.

Okta ha publicado “The Cost of Privacy: Reporting on the State of Digital Identity in 2020”. El informe examina la percepción del público sobre las cuestiones relacionadas con la privacidad digital.

La encuesta se realizó en Internet entre 12.000 consumidores de seis países (Alemania, Australia, Francia, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos), para determinar la proporción de individuos que aceptan que se controlen sus datos, en particular en el contexto de la lucha contra la COVID-19.

Los resultados de la encuesta muestran que la mayoría de los ciudadanos franceses (78%) y británicos (81%) son conscientes de los planes de sus gobiernos para seguir la evolución de la COVID-19 a través de la recopilación de datos de sus smartphones, sobre todo gracias a la información en la prensa. Este resultado es ligeramente inferior al de otros países, ya que el 96% de los australianos, 86% de holandeses y 83% de alemanes reconoce tener conocimiento de estas medidas. Sin embargo, más del 80% de los europeos expresaron su preocupación por el hecho de que sus datos estuvieran siendo utilizados por organizaciones para iniciativas no relacionadas con la COVID-19.

La publicidad es el principal problema: más de las tres cuartas partes (79%) de los encuestados están preocupados por el uso de su información por parte de las organizaciones para proporcionarles anuncios personalizados. Por otra parte, ofrecer un contenido personalizado no es una barrera para todos: el 22% de franceses y el 30% de británicos considera aceptable que se recojan sus datos para mejorar su experiencia como usuario, mientras que el 28% y el 26% respectivamente, aprecia que se le sugiera un contenido que pueda ser de su interés.

La mayoría de los encuestados tienen una opinión desfavorable de que las empresas que recojan su información personal, en particular en las conversaciones fuera de línea escuchadas por otros dispositivos (82%), las contraseñas (79%) y los datos biométricos (77%). Además, al 81% le preocupa el almacenamiento de esos datos en lugares poco seguros, el peligro de sacrificar excesivamente su privacidad, así como las posibles repercusiones financieras que pueda esto tener, como, por ejemplo, en sus primas de seguro (75% FR y 62% UK).

«Para tranquilizar a los consumidores, las empresas deben ser más transparentes en cuanto a los datos que recogen, cómo los almacenan y cómo los utilizan», dice Jesper Frederiksen, VP & GM EMEA de Okta. «Es hora de debatir abiertamente, y de forma honesta, el rastreo de datos. Las organizaciones lo necesitan para innovar y mejorar; sin embargo, deben ser transparentes en su uso, pues de lo contrario corren el riesgo de perder simplemente clientes”.

En algunos casos, los consumidores desconocen los datos que se están recopilando. Un tercio de ellos (38% FR y 33% UK) no cree que su empleador recopile datos sobre ellos. Además, el 31% FR – 36% UK , el 25% FR -20% UK y el 19% FR y UK de los encuestados, no esperan ser vigilados por los medios de comunicación, los servicios de streaming o los proveedores de hardware de consumo.

«Afrontémoslo, la realidad es que nuestra información personal está siendo recogida por todo el mundo”, añade Frederiksen. “Normativas, como el RGPD, tratan de dar a los individuos cierto control sobre sus datos, pero puede ser difícil entender qué es lo que constituye nuestra identidad digital, cómo se utiliza esa información y qué tipos de datos se recogen. Dado que sólo una quinta parte de los consumidores dicen que siempre leen las condiciones de los servicios, las empresas deberían probablemente buscar otras modos de informar sobre sus prácticas de recopilación de datos”.

Contribuyendo a la lucha contra el coronavirus

A pesar de algunas preocupaciones, los ciudadanos franceses y británicos suelen estar más inclinados que los de otros países a compartir sus datos para ayudar a controlar la difusión del VIDOC-19. Por ejemplo, el 58% de los encuestados (60% en el Reino Unido) estaría dispuesto a proporcionar sus datos de geolocalización; esto es mucho más alto que en los Países Bajos (45%), Alemania (47%), los Estados Unidos o Australia (49%).

Los franceses también se sienten relativamente cómodos con la idea de que sus datos se reúnan para determinar si el virus está progresando (59% Fr y 66% UK), o para determinar qué individuos habrían estado en contacto con personas que han dado positivo (53% Fr y 61% UK) o la eficacia de la vacuna (42% FR y 58% UK). Más de la mitad (56% FR y 60% UK) de los encuestados también cree que la vigilancia de los datos de los smartphone sería eficaz para controlar la propagación del virus.

Como reconoce Frederiksen: «A pesar de la preocupación por su privacidad, los ciudadanos siguen dispuestos a compartir sus datos para contribuir a la lucha contra la COVID-19. Sin embargo, es importante no abusar de esta confianza: mientras que poco más de un tercio de ellos quieren límites sobre quién puede acceder a estos datos, la mitad de los encuestados pediría fijar restricciones de tiempo. Por consiguiente, las organizaciones que recopilan estos datos deben asegurarse de controlar el uso de esta información”.

Los más jóvenes quieren mantener sus datos en privado…

Los individuos de las generaciones Y (millenial) y Z están mucho más preocupados por el uso de sus datos que sus mayores.

Casi tres cuartas partes (86% FR / 74% UK) de los jóvenes de 18 a 34 años están preocupados por el hecho de que los organismos gubernamentales tengan acceso a su información por razones no relacionadas con el Covid-19, porcentaje que desciende hasta el 72% en Francia y caía hasta el 47% entre los mayores de 55 años en el Reino Unido. Además, el 84% de los jóvenes de 18 a 34 años también se preocupan mucho por sacrificar su intimidad, más que el grupo de mayores de 35 años en su conjunto (76% FR /72% UK).

«Los millenial y la Generación Z están familiarizados con las tecnologías digitales y, por lo tanto, son más conscientes de que sus datos podrían ser utilizados y explotados. Las organizaciones deben recordar que estas generaciones están cada vez más representadas en el mundo profesional y están preparadas para convertirse en los líderes del mañana. A fin de atraer y retener este talento, es esencial que las prácticas de gestión de datos sean sólidas y transparentes». dice Nicolas Frederiksen.

… pero ¿a qué precio?

Los franceses son los que menos se avergüenzan cuando se trata de vender sus datos. Mientras que la mayoría de los encuestados británicos (94%) holandeses (97%) y australianos (95%) tienen una opinión negativa sobre esta venta, sólo el 89% de los franceses lo ven así. Sin embargo, el 41% de franceses y 36% de británicos ellos estarían dispuestos a compartir sus datos con las empresas a cambio de una contribución financiera (en comparación con el 29% de los holandeses); este porcentaje se eleva al 59% Fr y 52% UK para los jóvenes de 25 a 34 años.

Los consumidores se inclinan por vender su historial de compras (64% FR /63% UK), datos de geolocalización (61% FR /62% UK), historial de navegación (59% en los dos países) y otros detalles sobre su consumo de contenidos multimedia en línea (59,5% Fr y 59% UK). Sin embargo, hay una serie de áreas que quedan fuera de los aceptable para la mayoría. Por ejemplo, son mucho menos los que están dispuestos a vender sus contraseñas (34,5% FR / 31% UK), las interacciones offline (38% FR / 33% UK) y sus datos biométricos (38% FR / 33% UK).

«Está claro que todo tiene un precio en términos de privacidad. La pregunta es, ¿cuánto? La encuesta de Okta muestra que 1/3 de franceses y británicos estarían generalmente dispuestos a aceptar entre 10 y 30 euros y 10 a 30 libras por sus datos de geolocalización y su historial de navegación. Sorprendentemente, el 14% de franceses y el 10% de británicos estarían dispuestos a compartir datos sobre sus contraseñas por menos de 30 euros / 30 libras», comenta Frederiksen. «Si las empresas pueden encontrar un equilibrio adecuado entre la privacidad y la innovación, los consumidores podrán ejercer un mejor control sobre sus datos, incluidos el lugar donde deben almacenarse y su valor financiero. Y a su vez, las organizaciones pueden seguir creando productos que beneficien al mercado”.

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